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	<title>URUBOS.</title>
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	<pubDate>Fri, 11 Jan 2008 00:52:55 +0000</pubDate>
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		<title>Un Virus Patógeno</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jul 2007 18:20:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>urubos</dc:creator>
		
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    Doa Casilda no daba con la ubicacin de aquel bendito rulo sobre la frente. Haca rato que estaba luchando con l frente al espejo. Tena ya las perlas en las orejas , el collar del mismo juego puesto, las mejillas rozagantes; que aunque le hicieran bromas por la antigedad del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[ 
    Doa Casilda no daba con la ubicacin de aquel bendito rulo sobre la frente. Haca rato que estaba luchando con l frente al espejo. Tena ya las perlas en las orejas , el collar del mismo juego puesto, las mejillas rozagantes; que aunque le hicieran bromas por la antigedad del afeite, a ella le gustaba,  qu tambin! Ya se haba puesto los zapatos de tiras amarillas que haba reservado para estrenarlos ese da. Todo pronto; pero con el rulo de la frente no haba caso! Sus sobrinas nietas estaran por llegar para acompaarla. Y no haba caso! El rulo se caa y quedaba con la punta para adelante como un cuerno!
   &#8211;Pero claro   -dijo de pronto, golpendose la frente con la palma de la mano-. Mujer idiota Cuanto ms grande ms zonza 
   Corri a la mesa de luz del otro lado a encontrar el pote de fijador de Abelardo, su finado esposo.
   &#8211;A ver, a ver&#8230;as. Ya est
   Se vi satisfecha en el espejo, tanto de frente como de perfil y sali en busca de la cartera que haba olvidado vaya a saber dnde tras el revoltijo que haba armado en eso de acicalarse. Cuando la encontr, temerosa de volverla a perder, fue con ella bien tomada por el asa a sentarse en la sala hasta que llegaran las muchachas.
   Una hora ms tarde todo el mundo estaba en la fiesta. La msica era alegre y las bebidas abundantes. Le ofrecieron un refresco pero ella prefiri vermouth.
   -Ahora  slo me falta un compaero de baile "le dijo a la muchacha de la bandeja.
   -Si quiere le mando a mi to Perico&#8230;
   -No, mija. A tu to le llevo apenas veinte aos Mejor conseguime alguno de esos muchachos que andan con vos -contest sacudindose de risa.
   Pero no hubo necesidad de intermediarios ya que  al rato Casilda bailaba con un cincuentn bromista y barullento  como ella que la llevaba y traa en toda suerte de floreos bailarines; de a ratos muy juntos, a modo de enamorados, si la msica era lenta, otras a gran distancia, tomndose de las puntas de los dedos, si la msica del disco era un valtz.
   Cuando el cincuentn, algo sudoroso quiso volver a la mesa con su esposa, Casilda tom la bandeja con las copas y entonces se divirti haciendo chistes mientras serva, chistes a su modo picantes, que dosificaba en picarda segn la edad de las parejas.
  -Sintese un poco, doa- dijo la duea de casa.
  -S tens razn, mija. Estoy medio mareada&#8230;
  -Tambin! A su edad en estos chiveos. Venga, venga al dormitorio y echese un poquito hasta que se reponga!
   El dormitorio haca las veces de guardarropas improvisado y recostadero para casos como el de Casilda, haban all sillones llenos de sacos y chales, debidamente doblados. En una cama dorma relajadamente una seora joven. Totalmente vestida y adornada de perlas. Fue necesario liberar la otra cama de carteras y abrigos para dar lugar a la doa que se acomod con precaucin de no arrugar mucho su ropa, apenas sacado los zapatos. Desde el patio llegaba la msica asordinada y lejana como viniendo a los dormidos desde un pasado placido y sereno. Casilda tambin se durmi.
   Un par de horas despus de la medianoche la fiesta no haba decado, todo lo contrario. En la improvisada pista, un nutrido conjunto de parejas se zangoloteaba al son de una polca frentica y zumbona hasta que desde la casa se comenzaron a sentir aquellas voces de alarma. La msica se detuvo con el torpe rasguo de la pa sobre el disco. Las parejas an dieron dos pasos en silencio, ralentando y llevando impvidas miradas hacia la puerta por dnde haban llegado las voces y ahora se vi aparecer a varias personas que avanzaban entre sollozos, trayendo entre todas a la persona de Casilda en el medio. Ella vena dando pasos entrecortados y los coloretes del maquillaje chorreaban por las mejillas erosionados por las lgrimas.
   -Qu a pasado.? Se ha cado? "pregunt una voz.
   Casilda quiso responder:
  -Se me&#8230;As&#8230;.de golpe&#8230;.
   -Qu quee?
   Casilda levant la mirada hacia todos, vaca de esperanza. Vencida. Una acompaante explic:
   -Mientras dorma se le acortaron las piernas!
   -No, una sola! Una sola!
  -Pero eso es imposible, Casilda! No puede ser!-protest la anfitriona.
  -Ha de ser el cansancio "complet el cincuentn- Ya se le va a pasar&#8230;
   Casilda reinici la marcha. Del lado derecho arriba. Del lado izquierdo, abajo&#8230;.Se detuvo.
   Todos quedaron mudos. Un hlito trgico flot sobre el ambiente.
   -Habra que llamar al mdico "cuchiche una voz.
   -Al doctor  Carballo, no! Me la va a cortar!
   Ahora su llanto se volvi sonoro, entrecortado, casi violento.
  -Ya pasar, ya pasar "insista el cincuentn sin lograr hacerse or.
   Las mujeres dejaban caer su lgrimas. Los hombres se rascaban la cabeza, se acariciaban la perilla y, los que tenan bigotes se los alisaban. Pero nadie entenda aquel fenmeno.
   Casilda segua llorando.
   -Me la cortarn! Seguro que me la van a cortar! Ay Dios mio! Y si no me la cortan seguro que se me va a seguir achicando.
  Haba que intentar algo. A falta de mejor idea, unas amigas fueron sacando a la vieja para llevarla a caminar por un campito baldo que haba enfrente. Por supuesto le sostenan de los codos y le aconsejaban no apoyar la pierna corta. Poco a poco todas las mujeres fueron saliendo tras el primer grupo y cruzando la calle, en el patio slo quedaron los hombres desparramados y agrupados ,acompaados del pesado silencio. Apenas si algunos hablaban en voz baja.
   -Parece mentira, as de repente  -coment el dueo de casa.
   -Es la edad "coment un vecino- ,seguro que de tanto saltar el hueso se le achic.
  -Pero no puede ser, nunca se ha visto un caso as!
   -Quin sabe?-opin el primero- Los huesos de los viejos son como una galletita. Si se golpean de costado se quiebran. Pero si los vas golpeando de punta, eh?&#8230;.No te parece? S, ha sido eso, seguro, tanto saltar&#8230;
   -Vos ests loco!
 
   La conversacin qued cortada porque vieron aparecer desde la casa, descalza y despeinada una vecina que haba estado descansando en el dormitorio. Su cara denotaba asombro.
   -Qu ha pasado&#8230;todos se han ido? Que ha pasado? Termin la fiesta y nadie me avis?
   -No Clarita "explic el dueo de casa- la fiesta no ha terminado&#8230;es decir que la gente no se ha ido. Andan por el campito&#8230;all enfrente, con Casilda&#8230;.
   -Por el campito? Qu andan haciendo por el campito&#8230;a esta hora?
   -Ha ocurrido una desgracia "dijo ahora el cincuentn, que estaba sentado en el suelo contra una columna del corredor entre dos macetas.
   -Una desgracia con Casilda&#8230;La estn consolando? Pero, qu desgracia, quin ha muerto?
   -No por favor Clarita, no ha muerto nadie. Es a Casilda a quin le ha ocurrido una desgracia&#8230;un percance. En realidad no ses nada grave&#8230;umm&#8230;una enfermedad medio extraa.
   -Enfermedad extraa? Pero qu estn diciendo? Ustedes no me estn diciendo la verdad! Y mi marido, dnde est mi marido? Qu le ha pasado a mi marido que se lo llevaron? Qu le ha&#8230;
   El cincuentn se puso de pi y con hablando con energa oblig a la mujer a ponerse sensata. Ya le iba a sacudir de los hombros cuando esta cambi la actitud.
   -Bueno, bueno&#8230;perdonen. Que le ha pasado a Casilda, todo esto es tan raro!
   -Si ser "retom en anfitrin- ,yo no termino de entender.! Si se tratara de una virosis, pero no creo porque&#8230; o algo ms grave.
   -Es la edad "salt otra vez el vecino en sus trece.
   El dueo hizo un gesto que indicaba a la seora que no hiciera caso de aquel comentario. Y sonriendo le seal los pies.
   -Pero por favor seora, clcese.; est bastante fresco y&#8230;
   - Ah s, con todo esto me haba olvidado. Que casualidad!  Casilda se ha llevado un zapato mio, claro con su malestar no se habr dado cuenta! Vea, son iguales pero los mios son de taco dos centmetros ms bajos.
 
 
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		<title>La jugada magistral</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jun 2007 20:30:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>urubos</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Juan Lpez  mir otra vez el reloj y dio un paso al costado para quedar, al menos, con la cabeza bajo la sombra del alero del andn, aunque el sol le siguiera quemando en el traje azul, como a los otros, todos entrajados en azul, sudorosos y ahorcados por sus 
respectivas corbatas y por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Juan Lpez  mir otra vez el reloj y dio un paso al costado para quedar, al menos, con la cabeza bajo la sombra del alero del andn, aunque el sol le siguiera quemando en el traje azul, como a los otros, todos entrajados en azul, sudorosos y ahorcados por sus 
respectivas corbatas y por la certeza de haberse apurado. S, se haban apurado mucho. Ya haca un rato que se apretujaban, erectos y ridculos, bajo el plomo fundido del sol de Enero, a la espero del bendito tren que por lo menos habra de demorar otro cuarto de hora. Se haban apurado. Mucho. Por el temor de llegar tarde, esa ansiedad,. Llegar tarde despus de tantas reuniones y preparativos, trabajos y memorandos; especialmente tanto limar asperezas entre vecinos y grupos.
   Ahora, visto en perspectiva, pareca que la noticia del tren presidencial hubiera llegado al pueblo varios meses atrs, cuando en realidad haban pasado quince das. Tantos das, apenas, como los minutos que ahora restaban esperar.
   Juan Lpez recordaba ahora "la frente perlada de sudor- los mil conflictos que se haban suscitado. Rivalidades polticas y de intereses. Enconos personales o revanchas entre familiasRecordaba la primera reunin general de vecinos, apenas llegada la noticia. El gritero ensordecedor. Lo recordaba sin poder separar el recuerdo del fuego actual del cuello de la camisa quemndole el pescuezo. Un bochorno! Los estancieros que queran que se les mejoraran los caminos rurales y a la vez que se les cobraran menores impuestos. Los comerciantes que queran protestar por la mala voluntad que demostraban los inspectores. Los agricultores que esperaban subsidios y crditos blandos. Y el cura con sus feligreses ms consagrados, conque a Dios queremos en las escuelas y en el hogar. Todos gritando! "menos los pobres que no estaban en la reunin- Nadie escuchando a nadie! "Y los zapatos, ay los zapatos con su cuero bajo el sol, achicndose y apretando los pobres dedos- Entonces, algunos "Juan Lpez entre ellos- haban intentado ir poniendo por escrito los distintos pedidos y aspiraciones para trasmitir al presidente, pero al fin, el esfuerzo se haba demostrado intil ante la infinita cantidad de pedidos irreconciliables y hasta ridculos. Fue en ese punto "recordaba ahora Juan Lpez- que el Doctor Carballo haba hecho sonar su imponente vozarrn por sobre el gritero. Les trat de energmenos y de microcfalos, palabras ambas que haban quedado resonando en el silencio que sobrevino y que Carballo haba aprovechado para decirles, ordenarles ms bien, que deban pedir pocas cosas. Pocas y de beneficio para todo el pueblo y no de un grupo o sector.
   Juan Lpez extrajo el pauelo blanco del bolsillo del saco azul, lo despleg y se puso a resumir el sudor que ya de la frente se le iba resbalando por sobre cejas y pestaas y amenazaba gotear desde la enrojecida nariz. Luego lo baj hasta el bendito cuello de la camisa que pareca pegado a la piel irritada y hasta enllagada, a juzgar por el horrible escozor que por all senta. Sin embargo entre que lo haca, una sonrisa se dibuj en sus labios. Era que su imaginacin  segua recorriendo el recuerdo de las reuniones y las discusiones y ahora comenzaba a verlo todo desde otra perspectiva. Empezaba a verle a todo aquello un perfil simptico que se superpona a los malestares. Sus vecinoseran casi todos buena gente. Un poco discutidores por dems, un poco cabezaduras perotodos, en el fondo, buenos. Y sus ojos encontraron all adelante, la figura de Salomn Assis  dentro de su propio traje azul, planchado e impecable. La cabeza redonda y lisa, recalentada de sol, enrojecida y hmeda; y las manitos regordetas que sostenan como si fuera un ramo de delicadas flores, el famoso rollo de papiro.
   Y volva Juan Lpez "olvidando el calor- al recuerdo de aquella primera reunin. Al momento preciso en que Salomn Asss, con toda su pompa y solemnidad, entraba al saln anunciando que vena a representar al pueblo. Vengo en nombre del pueblo, haba dicho y nadie haba atinado entonces a poner en duda tal afirmacin. Todo lo contrario, no terminaba de decir aquello cuando ya se le arrim Jeremas Iraola para establecer un maridaje ideolgico sumamente slido que ms tarde mereci el mote de polo alegrico potico segn los comentarios del Dr. Carballo. Y en un punto fueron consecuentes y originales, nunca pretendieron sumar un petitorio a la larga lista para el presidente, sino que pedan y exigan a la asamblea que se tomaran las medidas para rodear el recibimiento del marco y la pompa adecuados; cohetes, fuegos de artificio y si era posible hasta una banda militar.
   Entonces, en el recuerdo de Juan Lpez, apareca la expresin torcida de Carballo que haba acompaado su comentario por lo bajo: - Salomn es una plaga " Que no era el primer miembro de ningn silogismo, sino un simple ejercicio de intolerancia que mal le cuadraba a un universitario puesto por propia vocacin al servicio de la humanidad. Mal le haba parecido a Juan Lpez aquello, y peor an que despus, cuando Salomn peda la palabra, para insistir con sus puntos de vista, el mdico, que haca las veces de coordinador de las discusiones, tratara de obviar, como no viendo, que la manita de Salomn se agitaba casi de continuo all frente a su enorme nariz.
   Sin embargo, all adelante se vea la nuca de Salomn sobresaliendo entre algunos hombros azules, apenas por delante y a un lado de la masa humana de Carballo que haca de slido respaldo-y control- del emisario. All estaba Salomn ufano, hamacando su redondez  y su alegra, cambiando su pierna de apoyo de tanto en tanto y manteniendo levemente levantado el pergamino del Memorando. Ah! Juan Lpez sinti la necesidad de ser justo. Carballo era un gran hombre, casi un estadista! Porque,-se dijo- Slo un gran hombre es capaz de levantarse de la profundidad de sus errores para elevarse a las cimas de la mayor sabidura. Y eso era lo que haba hecho Carballo en la segunda asamblea cuando, sorprendiendo a todos, propuso que el petitorio fuera escrito en un pergamino "como poda Iraola- y entregado en las manos del presidente por las de nuestro estimado vecino Don Salomn Asss.
    Juan Lpez tuvo entonces la secreta y diminuta vanidad de creer haber sido el primero de la reunin, en descender del asombro hacia la comprensin de la sabidura de aquella propuesta.  Qu jugada magistral! " Se repeta ahora , viendo el resultado- Porque a partir de aquella propuesta, aprobada dentro de la confusin producida, apenas por un puado de manos levantadas "una dudosa mayora- todo haba cambiado. Salomn, ebrio de vanidad, se olvid de los fuegos de artificio y de la banda de msica. E Iraola, a su vez, vindose inmortalizado en sus letras gticas sobre pergamino "que ya se vea dibujando- se dej de joder con los escenarios y los cuadros plsticos. La discusin progres y se lleg a los acuerdos para que a los pocos das, en la tercera reunin se plasmaron en un texto que fue exitosamente votado.:
   El pueblo de Cuchilla Pelada reunido en asamblea, solicita al Sr. Presidente de la Repblica la creacin de una colonia agrcola que de cabida y sustento a un importante conjunto de familias, que produzca riquezas y materias primas para potenciar el trabajo y el progreso de la zona. Para ello ser necesario la expropiacin por parte del Estado de alguna de la tantas estancias improductivas y semi-abandonadas que abundan por estos parajes, que dan poco y nada al pas en cuanto a riqueza producida, impuestos pagados y trabajo ofrecido a los hijos de la tierra.
   Juan Lpez, regresaba entonces de aquellos recuerdos y se iba dejando adormecer en el sopor del andn, despreocupndose ahora de los hilos de sudor que le corran por debajo de la camisa, desde el  cuello y los sobacos, tanto que con disimulo afloj el nudo de la corbata apenas lo suficiente como para desprender el botn de arriba y respirar casi con soltura. Era justo la hora de su siesta cotidiana y senta- o crea sentir- el arrullo de amigables moscardones sobre las cabezas, como lejanos y cercanos violoncelos vagabundos. Y se evada hacia los tiempos venideros despus de atendidas las peticiones del pueblo. Ese futuro que adivinaba, con un poco ms de gente, alguna mayor prosperidad. Campos con trigos y vides, aunque sea algunos. Y menos pedregales con desperdigadas ovejas. Vendra gente nueva a reanimar aquel erial enfermo de rutina y escasez
   Sali de las cavilaciones creyendo haber sentido un lejano pito de ferrocarril. Sin embargo la gente toda segua igual. Mir al Dr. Carballo, tambin l segua igual, a la espalda de Salomn, casi cubrindolo con medio cuerpo de sobra. Y mir al propio Salomn que tampoco mostraba ningn cambio de actitud. Pobre Salomn! Tan cuestionado All estaba con su bracito semi levantado Pero, s! Ahora estaba seguro. Aquel lamento lgubre que llegaba desde el horizonte de los cerrillos no poda ser otra cosa que el saludo vaporoso de la locomotora saliendo por un cao de holln.
   En el andn se produjo un murmullo movedizo que se extendi ms all, donde la gente que llegara ltimo presionaba ahora en procura de lugar y empujaba a los de adelante hasta el borde. Porque ahora todos caan en la cuenta de la singularidad de los  dos minutos que iban a transcurrir en ese lugar. Para Cuchilla Pelada, y sus pobladores, talvez se iba a producir un quiebre; un antes y despus.
   Juan Lpez y todos los vecinos vieron aparecer el tren. Vena flameando las banderas que coronaban su testa. Con prisa justa y despus con contenida pausa vino a detenerse como estaba previsto, en el lugar justo. Una maquina y tres vagones relucientes que donde no mostraban banderas mostraban barniz y vidrios transparentes. El tercero de los vagones era el ms adornado y tena armado en su pescante trasero un estrado en cuyo centro luca el escudo de la patria rodeado de laureles y olivos forjados en hierro pintarrajeado de oro.
   Juan Lpez sinti de pronto que ya estaba. Poda relajarse y observar tranquilo lo que vendra. Se lo imaginaba. Se lo haba imaginado varias veces como en ensayos definitivos y detallados de dos minutos  que iban a fundar el futuro Y all aparecan los brazos levantados del Presidente desde la puerta del vagn. Ya estaba saludando desde el pescante. All salan los segundos y los terceros enfundados en sus trajes y saludando casi tmidos. All se vea elevar el rollo del petitorio por encima de la calva de Salomn, colgando sus cintas de seda. All se percataba el Presidente de que aquello era, sin duda posible para l, y tambin levantaba la mano derecha para tomarlo
   Y sigui viendo Juan Lpez. Vio como apenas antes de que los dedos presidenciales tocaran el rollo de papiro ste hizo de pronto un giro voluptuoso en el aire y otro ms amplio y por inslita rbita vino el papiro a descansar en la proteccin del pecho de Salomn quin, en el foco de todas las miradas hizo sentir su voz, vibrante y emocionada.
   -Honorable seor Presidente: El pueblo de Cuchilla Pelada, por intermedio de mi modesta persona, nombrada por unanimidad, lo saluda desendole una agradable estada y un prspero viaje
   Juan Lpez dio un respingo. Su mirada busc al Dr. Carballo justo en el momento que ste daba con algn disimulo, un tironcito del saco de Salomn para que se dejara de saludos y entregara el rolloPero la voz de Salomn segua.
   -y pido a vuestra excelencia disculpas, por el pobre recibimiento que le hacemos, producto de pobres espritus que anteponen banderas a los altos designios de la Patria
   Juan Lpez empez a acercarse, colndose entre la gente mientras Carballo volva a sacudir la espalda de Salomn, ahora sin disimulo y el turco continuaba:
   -historia que est regada con la sangre de nuestros hroes que reclaman gloria
   Ya iba cerca del vagn cuando el Presidente trat de nuevo de cazar el rollo que segu volando, pero vio Lpez que de nuevo el voltil escapaba y el Presidente cambiaba de cara y se pona enhiesto y hablaba riguroso a uno de sus laderos quin haca una sea al jefe de la estacin y este tiraba del cordn que colgaba del alero haciendo sonar tres campanadas que eran comprendidas y respondidas por el maquinista que a su vez pitaba sus saludos y haca piafar su mquina de vaporosas y blancas nubes para poner los mbolos y todo en movimiento
   Juan Lpez, inundado de irrealidad se detuvo. Aquello pareca una pelcula absurda que no poda estar viendoPero vea.El tren se estaba poniendo en movimiento y la gente comenzaba a gritar cosas groseras
   -Call la flor al ro. Ya los temblorosos crculos concntricos
   Juan Lpez de un salto estuvo a la par de Carballo. Con slo una mirada se entendieron: Al mismo tiempo y con la misma decisin tomaron a Salomn por los costados y le levantaron en el aire. Ahora s, en un postrer arrebato, la mano del presidente encontr el bendito rollo en vuelo y se aferr a l con fuerza llevndolo consigo arrastrado por el vagn que ya se iba.
   Hubo un compartido suspiro. El Maestro Juan Lpez se termin de quitar la corbata y se tir el saco sobre la espalda, al tiempo que enderezaba los pasos rumbo a las casas, acompaado de Carballo, quin le sonrea socarronamente.
   -Est bien. Tenas razn.
    
 
&nbsp;
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		<title>MUY FÁCIL O TODO LO CONTRARIO</title>
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		<pubDate>Thu, 24 May 2007 22:45:37 +0000</pubDate>
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Seguro que una mayora de extranjeros piensa que gobernar un pas tan pequeo y de tan poca poblacin como Uruguay ha de ser cosa fcil. Lo ha sido, durante gran parte de la corta historia de este pedazo de tierras onduladas sobre las que crece pasto que las vacas comen y engordan llenando los bolsillos [...]]]></description>
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Seguro que una mayora de extranjeros piensa que gobernar un pas tan pequeo y de tan poca poblacin como Uruguay ha de ser cosa fcil. Lo ha sido, durante gran parte de la corta historia de este pedazo de tierras onduladas sobre las que crece pasto que las vacas comen y engordan llenando los bolsillos de los dueos del pas, que no son solamente los grandes hacendados, sino tambin los banqueros, los barraqueros y toda una serie de empresarios dedicados al comercio exterior de los bienes que gracias a la naturaleza, el sol, la tierra y el agua, han sido suficientes para mantener una minora cada vez ms chica.Ya no se habla ms de reforma agraria. El principal lder de la izquierda lo ha dicho con todas las palabras que en su boca suenan ms claras. No estn dadas las condiciones. El mundo no est proclive a aceptar que un pequeo pas salte al ruedo con ideas propias "o prestadas- que impliquen en alguna medida el contra-modelo de lo que se nos predica desde los centros del poder mundial. La consigna es no hacer cambios, ms all de algn parche para zafar del peligro del estallido social. Estallido que, por otra parte se ha venido haciendo prcticamente inviable por el constante xodo de la gente con ms inquietud. No hacer cambios, solo administrar las carencias.El mismo lder de izquierda lo ha explicado por radio muchas veces. "Palabra ms o menos- Nosotros no estamos en el gobierno por una revolucin, lo estamos por una eleccin.Quiere decir que es necesario ceirse a las leyes y los tratados preexistentes y no hacer olas.Ahora bien. Si hubiesen llegado al gobierno a travs de un proceso revolucionario, hasta qu punto las cosas seran diferentes? Sera tan fcil y tan impune bloquear econmica y polticamente a esta republiquita pastoril como lo est siendo para los hermanos argentinos castigarnos por algo que nos ha impuesto el reparto internacional del trabajo y las inversiones que ellos queran recibir. (Caso pasteras de celulosa). Fcil lograr fallos en tribunales, inventar conjuras del terrorismo o del narcotrfico, desembarcar en cruzadas salvadoras, etc.
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