un día cualquiera
Un día cualquiera es el indicado para hacer que ese ‘cualquiera’ no sea un permiso de abandono o de abstraerlo a un proyecto de posibilidades futuras.
Un día cualquiera como el ahora, ese ahora cualquiera en el que ahora nos presentamos a nosotros mismos tanto para el mundo como para ese sí mismo.
Un día cualquiera que aparezca más como oportunidad que no como condena.
Un día cualquiera para dejar de meditar o de dar vueltas con ese mar de posibilidades y ponernos manos a la obra, no esa obra en la cabeza, sino esa obra de barro, suma de tierra y de agua, amasajada por uno mismo, sin querer ser otro, sino ese mismo capaz de aguantarse la mirada en el espejo… [mirada en el espejo respondida con una sonrisa, una lágrima o bien una carcajada de aceptación]. !Atrévete a ser tu mismo!
Ese tu mismo de este día cualquiera que ahora despierta de esos tantos tu mismos de esos días cualquieras que no eran más que un simulacro o una máscara para dejar de sufrir, porque te habían dicho que no valía la pena o que todo se acababa. Sé valiente: apuesta por ti mismo, ese mismo que grita y te ensordece en tus sueños, o ese sí mismo que se aterroriza al entrar en una casa de la que sale asfixiado porque sólo quería destruirle ciegamente, porque sí -ese hogar que uno mismo ha construido y que quiere hacer dejar de sentir-.
Atrévete a abrir los ojos, a ese día cualquiera, donde un acontecimiento puede suceder: plenamente liberado, atento a lo que sucede, a lo que te espera, saliendo de ti mismo, porque hoy, ese día cualquiera, te permites vivir…
Adelante valiente: la vida te espera.