Un dia cualquiera

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Marzo 21, 2007

Vida y palabra

Publicado por undiacualquiera en General

La honestidad de la filosofía consiste en seguir al pie de la letra y no extralimitarse a la propia etimología: tendencia o amor por la sabiduría o el saber. Me han parecido tremendamente honestos, y por tanto, ejemplos a leer, esos autores en cuyos escritos aparecen autocríticas a lo expuesto o escrito por ellos mismos, normalmente en tiempos anteriores; tras el ímpetu y las certezas juveniles, ese deseo por sistematizar o alcanzar al todo, se ven dinamitadas por la misma experiencia vital que asoma y, sonriéndose, nos pone en orden.
Ese esfuerzo o esa apetencia por saber es loable, pero deberíamos acotarla a lo que es: simplemente saber o pensamiento… que no es poco. Defiende un proverbio oriental que hay dos formas de vivir: o con el conocimiento o con el sufrimiento; con el primero, uno mismo es capaz de abstraer las condiciones sobre las que aparecen los objetos, tal como en los relatos -sean libros escritos o películas o cualquier tipo de relato- nos introducen en un mundo en el cual nosotros actuamos en él y experimentamos [ya Aristóteles defendía el papel de la poesía en la ciudad como esa capacidad de producir ‘catarsis’, cierta purificación de las acciones, al pdoer experimentar en la imaginación las consecuencias reales de un acontecimiento]; con el segundo, la vida aparece sin contar con ella, sin haber esperado ese efecto, y surge el sufrimiento o el dolor.
También es cierto que cualquier tipo de saber -y todo el mundo sabe- nos abrimos al mundo y lo interpretamos desde nuestro punto de vista teórico, provisto por la propia cultura. Valga como simple ejemplo la carga teórica de nociones como gas, líquido y sólido, que cualquiera de nosotros entiende, pero no toda cultura posee esas definiciones de los estados de la materia.
La filosofía, por tanto, se debería mover entre ese deseo de saber, de conocer -incluso de esperar lo inevitable (Platón definía la filosofía como aprendizaje para la muerte)- y esa crítica a la cultura, esa capacidad por ver diversas perspectivas de la propia, parafraseando a Ortega y Gasset; desde esa perspectiva poder abrirme a los demás, a otros puntos de vista. Como bien decía ayer un alumno, al percatarse de que todo el mundo posee conciencia moral, pero no todo el mundo la misma, sino que depende del criterio, educación, etc.
Y ahí, nos damos cuenta de que cada uno de nosotros es diferente, que el conflicto es inevitable, pero que no todo conflicot debe culminar en violencia, sino que desde ese desequilibrio de potenciales o de características pueden surgir tendencias como el afán o ganas de conocer, porque nunca podemos dejar de ser filósofos.
La tentación está en pensar que uno ha llegado a la culminación del saber, que está en el saber, y establecer el logocentrismo: aquellos que viven únicamente en el saber, en el concepto, en su definición, en esa ideología establecida. ¿Alguien ha leído esa verborrea nauseabunda marxista acerca de la dialéctica histórica, de cómo rendir la realidad a los principios de la Revolución? ¿O alguien ha leído esa misma verborrea en ciertos escritos franquistas? Mi pregunta sigue martilleándome en la cabeza: ¿quien podía creerse esa serie de paparruchas?
La libertad requiere de más de un discurso, de más de una posibilidad, para que pueda existir una convivencia.
Pero además, el filósofo y el ser humano debe darse cuenta de que sus conceptos son, a los sumo, el esqueleto de la vida, los ejes de coordenadas sobre la que se mueve… luego le falta la ‘chicha’, es decir, la carne y la sangre que vivifica y que particulariza a cada uno de nosotros en aquello que hace que la vida sea propia, única y, en cierta forma, esa intimidad incomunicable, esa frontera del sí mismo inviolable… la humanidad de cada uno hecha sujeto.
Como consecuencia, siempre queda ese abismo entre palabra y vida, entre concepto universal y vivencia propia… Por ello, siempre queda una parcela al sufrimiento, que nos enseña lo que somos: peregrinos, seres conscientes en aprendizaje.
Valor y al toro.

Marzo 20, 2007

un día cualquiera

Publicado por undiacualquiera en General

Un día cualquiera es el indicado para hacer que ese ‘cualquiera’ no sea un permiso de abandono o de abstraerlo a un proyecto de posibilidades futuras.
Un día cualquiera como el ahora, ese ahora cualquiera en el que ahora nos presentamos a nosotros mismos tanto para el mundo como para ese sí mismo.
Un día cualquiera que aparezca más como oportunidad que no como condena.
Un día cualquiera para dejar de meditar o de dar vueltas con ese mar de posibilidades y ponernos manos a la obra, no esa obra en la cabeza, sino esa obra de barro, suma de tierra y de agua, amasajada por uno mismo, sin querer ser otro, sino ese mismo capaz de aguantarse la mirada en el espejo… [mirada en el espejo respondida con una sonrisa, una lágrima o bien una carcajada de aceptación]. !Atrévete a ser tu mismo!
Ese tu mismo de este día cualquiera que ahora despierta de esos tantos tu mismos de esos días cualquieras que no eran más que un simulacro o una máscara para dejar de sufrir, porque te habían dicho que no valía la pena o que todo se acababa. Sé valiente: apuesta por ti mismo, ese mismo que grita y te ensordece en tus sueños, o ese sí mismo que se aterroriza al entrar en una casa de la que sale asfixiado porque sólo quería destruirle ciegamente, porque sí -ese hogar que uno mismo ha construido y que quiere hacer dejar de sentir-.
Atrévete a abrir los ojos, a ese día cualquiera, donde un acontecimiento puede suceder: plenamente liberado, atento a lo que sucede, a lo que te espera, saliendo de ti mismo, porque hoy, ese día cualquiera, te permites vivir…
Adelante valiente: la vida te espera.