Y lo entendí, pues tenía los ojos bien cerrados.
Es muy fácil mostrar lo nunca visto.
Basta tener lo ojos bien cerrados.
Ven, entra y no mires.
Pon en una pizarra los dibujos de un triángulo, de un cuadrado, de un pentágono…ve haciendo cada vez más lados 12, 13, 200… yo qué sé. Culmina haciendo una circunferencia.
Con tu cerebro bañándose en las imágenes de estas figuras, te doy esta pregunta
- ¿qué figura se parece más a la circunferencia?
y la respuesta es muy fácil “la que más lados tiene”.
Ahora cierra los ojos, y rememora una emoción. Es como oler café para borrar la imprenta de un perfume y poder apreciar otro nuevo.
Con tu mente libre de imágenes vamos a pensar.
La circunferencia es una línea muy curiosa, una llave preciosa que algún diosecito nos dejó para que no estuviéramos tan solos.
Si vamos en un coche, basta con torcer el volante y no modificar esta torsión, y el coche andará y volverá al mismo punto; no hemos vuelto a torcer el volante, no hemos cambiado la dirección. Hemos trazado una circunferencia, la circunferencia es la única línea que se cierra sobre sí misma sin cambiar de dirección.
Volvamos a las figuras que dibujamos, pero sin mirarlas, ni ponernos sus imágenes en nuestra cabeza mediante la recreación de la memoria; volvamos al triángulo, al cuadrado… hasta la figura de doscientos lados.
Y pensemos juntos ¿qué figura se parece más a la circunferencia? ¿cuál de ellas cambia menos veces de dirección, y logra volver al mismo punto?
La respuesta es: “el triángulo”.
Ya sabemos que hay cosas vistas y entendidas, como la lluvia; no vistas pero percibidas, como las emociones; también que hay cosas no vistas pero pensadas, como el número pi.
Ahora sabemos que hay cosas no vistas, y pensadas en contra de lo que se ve.
Estamos padeciendo un mundo en que muchos sólo valoran lo que se percibe, ya sea por los cinco sentidos, ya sea porque provenga de nuestro interior. Y estas personas hablan con orgullo.
Pero nosotros conocemos la circunferencia.
Quizá la primera mujer que se levantó en contra de su sociedad, y luchó junto a otras por su dignidad, había abierto esta puerta, y era capaz de pensar en contra de lo que oía “eres menos que un hombre”, de lo que veía… en su sociedad.
Porque hay algo más… y ella lo entendió.
Todos somos capaces de abrir esta puerta, brilla tanto que no parecen manos humanas su factores, sino divinas, pongamos que de un Ghiberti celestial. Tras de ella hay un tesoro, el bien, la justicia, la sabiduría… Todos somos capaces de transmitir estas bellas ideas a quienes las ignoran.
Y ahora decide qué vida quieres tener.
Hay algo más…