Borínquen vibró en Hostos

Por Antonio Bones
La compañia teatral Repertorio del Colegio Comunitario Hostos nos entregó en bandeja de oro una producción que nos identifica como hispanos, como seres en búsqueda de horizontes y como entes sacrificados al menester de lucha.Que permanecer en suelo extranjero es un motivo de crucifixión, es motivo de conflicto político, es motivo de identificación. La permanencia es elemento crucial de crecimiento dentro de una babel de ladrillos y nieve. La frialdad nos sobrecoge pero la realidad nos levanta.“Borinquen vive en el barrio” es un grito atroz dirigido hacia los derechos humanos, hacia la senda en donde los ríos llegan a su cauce, en dónde un edificio sin calefacción sirve de verdugo a las calcinantes palabras e intenciones de seres humanos destinados a sufrir y a palpar realidades. “Borinquen vive en el Barrio” aquilata esa sensación de pavor y conjeturas dejándonos con sabor a óceano, tierra y cambio. Todas esas conformaciones se adicionan a la perpetuidad. Reiremos, sollozaremos pero la realidad es rampante y azul. Todo lo azul se resume a eternidad. Pienso que la intención de la dramaturga puertorriqueña, Tere Martínez es exponer dentro de tres generaciones ideologías que no llegarán a nada o a todo. Confrontaciones con el ser, con el Nacionalismo, con la Independencia, con el Estado Libre Asociado, con la Estadidad o con otra politización partida de la idiosincrasia individual. Piense usted cuál es la conveniente.El texto fluye con intensidad pero hay apartes que se deberían enmendar para que la escena específica no caiga en flujos insensibles. Cuando la pasión, hasta trágica y memorable llega a su cénit no hay razón para reír por una llamada que a la postre se resume en un toque de puerta. No hay razón para ello al menos que el parlamento estructure una situación insospechada, ese no era el caso. Sentí que la muerte acechaba mi regocijo cuando Minerva llamó a Carlos y segundos después se escucharon toques a la puerta. En ese momento de intimidad personal y conciencia dejé volar los últimos recursos de pensamiento que poseía entre las estentóreas carcajadas. Amo esa escena pero me dejó contrariado.El asunto de los “Young Lords” es trabajado con sapiencia pero si se escribe sobre el tema hay que ser bieeeennnnnnn, específico. Hay personajes históricos, hay declaraciones absolutas, existen situaciones en donde converger con el propio corazón o razón que no es más que ambas cosas. Como escritor entiendo que cada voz es un mundo, aparte de la escritora, pero no debería ser un Universo egoísta. Necesitabamos más, tal vez más nieve sobre el parque o más balas sobre pechos inocentes.El escrito de Martínez es una comidilla sabrosa y auguro que la escritora será una de las mejores dramaturgas de mi país. ¡Ya lo es a su manera! Me quito el sombrero y gracias. Una ambientación escenográfica de respeto
Regina García, sabe lo que hace para que una producción reluzca. Una escenografía cargada de herramientas necesarias pero no recargada. Nos gustó, esta señora no escatima en colores para sicológicamente atrapar al espectador. Cada lateral, cada recurso escenográfico estaba cargado de intención y nos hizo sentir en casa. Era mi casa, era la de ella, era la casa de seres prestados, pero en definitiva era nuestra mansión. ¡Borinquen vive!
Este es el momento en que como actor o crítico engullo menos pero vayamos a la carga. Olga Agostini me supo atrapar en su “mundillo” premeditado por la grandiosa artesana puertorriqueña, Rosa Elena Egipciaco. Entre dos artistas hay un común denominador: respeto. Una en las tablas y la otra inmersa en encajes y bolillos. ¡Qué artistas fascinantes son ambas!Solamente diré que Agostini quería a mi madre (mi abuelita) y allá en el escenario vi a la viejita, al ser solito con la compañía más entendible. Sentí a mi abuelita, sentí a mi amiga de años, sentí a una actriz que ha llegado al punto supremo. Te entregaron una criatura y la desarrollaste. Tu actuación fue impresionante.Las debutantes Nicole Vereen y Victoria Kleinkauf cumplieron a cabalidad con las especificaciones del director. Son ricas y tienen presencia escénica, los profesores están realizando una gran labor.Observar a Sandra Berríos y a Carlos Molina es acaparar a la actuación en su puro sentir. Vocalización, acciones orgánicas, dicción clara. Son actores profesionales y extremadamente disciplinados. ¿Dirección experimental o direccional? El señor Angel Morales está creciendo. Sus propuestas son honestas y cargadas de movimientos reales y técnicos. Morales, se me avecina, que será un eje del teatro. Sabe hacerlo con clase y pasión.Coincidimos en que su fuerte podría serlo la dirección cinematográfica, pues tiende a proyectar con más soltura en lugar de concretar preceptos escénicos en las tablas. Demostró hacerlo pero pienso que sería mejor director cinematográfico. Estamos hablando, tal vez, de un Pedro Almodóvar borincano. Nos fascinó esa propuesta.“Borinquen vive en el Barrio” rasga los sentidos para dejarnos en el alma el verdadero orgullo patrio.



