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Marzo 26, 2007

La producción de “El último rosario de Medea” merece una bendición

Publicado por reflectorescitadinos en General

 

  Por Antonio Bones 

“Nadie conoce el dolor,si no le quema la sangre.¡Nadie, nadie!”. Los elementos del drama occidental, originado en Grecia, un conjunto de componentes autóctonos de Puerto Rico y unas actuaciones realzadas es lo que le permite al Teatro Pregones entregar una representación digna de apreciar y examinar.“El último rosario de Medea”, concebida por el ingenio del escritor boricua José Manuel Torres Santiago y protagonizada por la legendaria ejecutante de telenovelas Lupita Ferrer, posee todo el carácter de la tragedia clásica: tonalidad solemne, delirio violento, desenlace infausto, catarsis, batalla humana contra el hado, un coro que ilustra el sentir del pueblo por mediación del corifeo y un texto en donde se alternan episodios narrados mientras se suceden odas corales.Lo que resalta, en último término, es la inclusión de un altar que se levanta en medio de la escena permaneciendo como protagonista absoluto de una legión de simpáticos personajes pueblerinos que sirven de juzgado y celebran los tradicionales rosarios de la Santa Cruz en la Isla del Encanto.La acción de la obra está enmarcada por los desmedidos celos de una Medea moderna que persigue a la venganza como recurso de liberación espiritual.  La trama evoca un pasado salpicado de intriga, pasión desbocada y conspiración para consumar un homicidio.  El dolor que abraza a Medea lo provoca su marido adúltero y una modelo pretenciosa.  ¿Cuál es el acto de vivificación que cicatrizará las heridas?  Solamente el crimen.  Ese acto se convierte en un escudo contra el escarnio público y la traición conyugal.Es evidente que el dramaturgo Torres-Santiago utilizó como premisa el notorio caso del productor asesinado Luis Vigoreaux y la veterana actriz Lydia Echevarría para infundirle contemporaneidad a la concepción de “El último rosario de Medea”.   De acuerdo a los pliegos acusatorios, Vigoreaux mantuvo una relación extra-marital con la modelo Nydia Castillo y, alegadamente, Echevarría fue el cerebro intelectual en su asesinato.Considero que la intención del dramaturgo está encaminada a un público conocedor de la historia teatral.  Recordemos que la mentalidad de un catedrático es permanente. “El último rosario de Medea” no pretende agrupar a unos espectadores selectos pero para una audiencia común podría convertirse en un “interminable y tedioso rosario”.  No obstante, Pregones supo agregar ingredientes que intensificaron o adornaron efectivamente la puesta en escena.  “El último rosario de Medea” es un reto a la moralidad. 

Sacrosantas actuaciones y dirección 

Lupita Ferrer como la protagonista Medea sabe canalizar las emociones y desplegarlas en el momento preciso.  Sus movimientos fluyen con estudiado propósito y naturalidad.  Demuestra que la experiencia actoral puede pulir cualquier escrito y encumbrarlo.  Una historia versificada puede destruir toda intención de ejecutoria pero la actriz le infundió matiz para mitigar la carga.La dirección de Rosalba Rolón resultó impecable.  El espacio físico lo utiliza con una maestría singular y los aditamentos escénicos tienen lógica.  Aún no proceso la fiereza de tirar del cabello de Medea para denotar la desaprobación del conglomerado que la acusa.  Podría modificarse la escena con métodos más regulares pero contundentes.Tanto Ferrer como Rolón permanecerán eternizadas en la historia teatral hispana de Nueva York.Resaltaré la actuación de Maríangélica Ayala, su caracterización de una fisgona mujer de edad avanzada me pareció muy convincente.  Su interpretación es el vivo retrato de la chismosa de barrio que lleva y trae comentarios con ponzoñosa picardía.  Te obsequio un gran aplauso Mariangélica.Otra actuación que mereció mi detallado análisis fue la de Johary Ramos.  La energía desplegada por este joven puertorriqueño es casi una invitación a hacerle compañía a sus movimientos danzantes.  Los disfruta, los proyecta, los estrecha con sutileza y vivacidad.Mariluz Acosta, Zulema Clares, Sol Marina Crespo, Rafael Decena y José Joaquín García mantuvieron un equilibrado ritmo y cultivaron sus personificaciones con arrojo.El virtuoso Desmar Guevara (director musical) enternece los sentidos de la audiencia para llevarla a la meditacion sin monótono proceder.  Esa música energiza y en cada acorde nos adentramos a un rico folclore que es parte de la idiosincrasia boricua.  Por supuesto, no se hubiese logrado ese cometido sin el acompañamiento de los músicos, Waldo Chávez, Sergio Reyes y Roberto Rosario.También agradecemos las líricas de Ricardo Pons, diseño escenográfico de Regina García, vestuario por Harry Nadal y Luminotecnia de Esteban Lima.  Las contribuciones de Jorge B. Merced, Alvan Colón Lespier, Pepón Osorio, Jessica Moya, Sabina Rivera y Paulette Beauchamp nos llenaron de satisfacción. 

 

 

       

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