Cristina, superpoderosa
Con la mayoría absoluta en Diputados y casi los dos tercios en el Senado, la flamante presidenta podrá gobernar con una destacada tranquilidad institucional
Más allá de no haber logrado alcanzar al piso histórico del peronismo del 48 por ciento, dado que la dispersión del voto opositor le quitó algunos puntos, -aunque hay que destacar que tal dispersión evitó un posible ballotage-, la elección que ganó la actual senadora Cristina Fernández de Kirchner, puede catalogarse tal como lo calificó su marido: “fue una paliza”. Esta afirmación se sustenta en haber obtenido la máxima diferencia desde 1983 entre el primer puesto y el segundo.
Las semanas siguientes a los comicios no fueron tranquilas, y de aquí al 10 de diciembre los dichos y entredichos serán el nuevo escenario de batalla. En ese sentido, las polémicas declaraciones del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien calificó como “islas”, las ciudades en donde no ganó el oficialismo, en especial en referencia a la Capital Federal, que casi siempre vota distinto de como lo hace el resto del país. Sin embargo, Carrió, ganadora indiscutida de la Capital solo se remitió a decir que siempre lo que sucede en la clase media de la Argentina es un reflejo de lo que ocurrirá dos años después.
A estos cruces se les sumaron las afirmaciones del Presidente al considerar al de Carrió un “voto gorila”, una Carrió que por su parte señaló que la victoria de Cristina tenía la “legitimidad segmentada” porque no ganó en Capital Federal, Rosario, La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca y Vicente López, algunos de los centros urbanos con mayor cantidad de población.
Sin embargo, al margen de las declaraciones encontradas de las figuras políticas del país, la legitimidad política de la victoria de Cristina es indiscutible y aplastante. Su triunfo la convierte en el jefe de Estado elegido en elecciones libres con mayor poder de toda la historia: tiene mayoría absoluta en Diputados y casi los dos tercios en el Senado, ganó las ocho provincias que se disputaron en esta elección y está sentado sobre la mayor cantidad de dinero que jamás haya tenido el Tesoro como producto del precio de los alimentos que Argentina le vende al mundo. A esto se le suma la ventaja de contar con un marido que tendrá el tiempo libre no solo para hacer política, sino también para asesorarla en el día a día.
Constitucionalidad asegurada
Con el mandato de la electa Cristina, que durará hasta 2011, el peronismo se habrá mantenido en el poder en Argentina desde 1989 con una pequeña interrupción de dos años, entre 2000 y 2002, en que Fernando de la Rúa gobernó como cabeza del Frepaso (Frente País Solidario), una coalición que acabó expulsada del mando por la crisis del corralito de finales de 2001.
De esta manera, la primera mujer consagrada Presidenta por el voto popular, en su discurso como presidenta tendió la mano a todos sus rivales para acompañarla en la gestión. “Sin rencores; el odio no construye, al contrario, destruye todo”, dijo ante sus seguidores que no paraban de cantar una marcha de la Juventud Peronista (JP), a la que ella y su marido, el presidente Néstor Kirchner, pertenecieron en los setenta. “La cantan porque saben que me llega”, confesó emocionada.
Es importante tener en cuenta que el reconocimiento de la JP es revelador porque separa a los Kirchner de la vieja estirpe del peronismo.
Cabe destacar, que durante los años que estuvo en el poder, a Néstor Kirchner nunca le interesó abanderar un partido peronista único, ha sido muy pragmático y lo que ha construido es una red de aliados, peronistas o no, para reforzar su poder. En ese sentido, Cristina seguirá en esto la senda de su marido en una gestión “sin color político”, como dijo ella tras conocer el resultado. De hecho, el vicepresidente electo, Julio Cobos, es un radical K, un ex miembro del histórico rival del peronismo, la Unión Cívica Radica.
A corto plazo
La tarea primordial de Cristina a corto plazo es la de parar la inflación, que aunque hasta antes de las elecciones, “dibujada” hacia abajo, es cada vez más notorio que las cosas suben y suben. En un segundo lugar deberá intentar rebajar la política de subsidios, dado que como un cáncer, es una de las razones por las cuales se vacían las arcas del Estado. En un tercer párrafo, habiendo regulado lo anterior, deberá volcarse a construir una economía atractiva para los inversores. Mientras que hoy la economía depende casi exclusivamente de las exportaciones de materias primas, especialmente de cereales y oleaginosas, el nuevo plan económico, además de la inversión, deberá incluir la “reconciliación” con los organismos internacionales de crédito como el FMI y el Club de París.
En cuanto a las conjeturas de quiénes la acompañarán, se especula con que seguirá contando con los hombres de confianza de su marido, tales como el jefe de gabinete Alberto Fernández, y los ministros de Exteriores, Jorge Taiana, y de Economía, Miguel Peirano. En ese sentido, otro punto importante será mantener en su cargo a Alicia Kirchner, quien probablemente siga al frente del Ministerio de Desarrollo Social, una cartera clave para mantener los planes de ayudas públicas a personas, sectores productivos y sindicatos que tanta popularidad le han dado a los Kirchner.