Como polvo en el viento
En la ciudad de Rosario, la mayor parte de la población que se encuentra bajo la línea de pobreza habita en villas de emergencia. La cintura de la ciudad denota un gran abandono de políticas habitacionales, dado que los planes a nivel nacional son insuficientes para una ciudad que crece día a día.
El antagonismo con que se ha ido construyendo, deja al descubierto la cara más cruda de una Rosario que muchos no quieren ver.
La parte céntrica de la ciudad ostenta viejos edificios con aires de patrimonio cultural, hermosos boulevares, que gracias al plan de reconstrucción, van cambiando para mejor la fachada de una ciudad centenaria.
Todo entonces se centraliza, y el corazón de la ciudad late cada vez más fuerte. Sin embargo el eco de ese latir no logra ser escuchado desde la periferia, donde los barrios se sienten olvidados y los crecientes asentamientos irregulares se proliferan ante la llegada de numerosos migrantes internos.
En el norte de la ciudad, barrios como Cristalería y Cerámica lindan con asentamientos irregulares. Todo allí entonces es más difícil. El servicio de luz, se ve interrumpido por las constantes sobrecargas al sistema, producidas por las conexiones irregulares. Además las líneas de colectivo solo pasan en determinados horarios, más allá de que la municipalidad proponga lo contrario. De la misma manera operan los taxis y los servicios de delivery y el ¨ ahí no me meto ¨, deja aisladas a miles de personas.
En zona sur y oeste, la suerte no es distinta y numerosos reclamos recaen en oídos sordos. La situación solo cambia brevemente en algún aspecto, solo en épocas preelectorales. Durante ese periodo, el posible voto, despierta en los futuros legisladores, más que la buena voluntad. El programa Rosario hábitat que desde hace algunos años intenta descomprimir la presión en las villas, solo ha logrado su cometido parcialmente.
Tanto la villa “La lata” como “Banana” se han visto favorecidas por la nueva abertura de calles, sin embargo, esto solo parece un mero ocultamiento urbanístico para que pasen desapercibidas.
Por último, los basureros clandestinos van proliferándose por la ciudad de manera que los intentos de la municipalidad por erradicarlos, aunque efectivos van quedando insuficiente. Esto tiene más que ver con una falta de cultura propia que con la organización desde el estado.