Nazuna

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Febrero 14, 2007

De arena y Sal

Publicado por nazuna en General

 

Solo recordaba el olor del mar. De esa forma había vaciado su mente. Así no tenía que sufrir, recordando a su hijo vivo. No fue una amnesia dolorosa, sino que elegida y deseada, como el final del domingo e un anciano. No era empezar, era simplemente pasar a un mundo nuevo en el que toda vida estaba limitada al mar, a su olor, a su bravura, a su espesura. Renacer, sobrevivir, continuar con su hijo, y albergar la esperanza de encontrarlo. De abrazarse a su cuerpo.

Era viernes y la lancha zarpaba, el puerto estaba invadido de esa espesura que se cierne cuando la bruma amenaza. Nadie cuestiona nada, nadie dice nada, pero los pescadores saben, como el fiel intuye a Dios, que hay días que la Mar, la gran madre, se viste con traje de ira, y golpea como se responde a un agresor. Ese era uno de esos días, pero nadie decía nada, nadie cuestionaba nada. El miedo y el riesgo a veces es rutina, y las bocas que alimentar, al igual que el destino, se juntan para crear una fuerza que te empuja, que no cuestionas, y que se sabe trágica, como la espesura de la bruma que invadía el puerto aquel día.

Santiago, Alberto, Daniel. Esta vez habían sido ellos. Pero antes habían sido otros. Otros nombres, otras madres aferrándose impotentes a las redes por no irse al patrón. Pero el mismo destino. Nacer en Entresilencios es acatar que uno nace y la mar dispone. ¿La Mar? Si, la Mar, se responde todo el mundo. Una madre al parir sabe que su destino es esperar la noche en el que el faro de su vida, deje de alumbrar, y se apague, y consumirse como una no-muerta, sin anhelos y sin luz.

Ella había decidido no ser como las otras madres: marchitas, ajadas, crepusculares y sin vida. Ella no. Ella quería a su madre, la Mar y a su hijo, Santiago. La pérdida no podía imponer su dolor al amor que sentía por ese ser que da y quita la vida. Y mientras se iba adentrando en el agua decía “Salpícame de espuma enamorada que yo sabré pagarte. Mar violento, tenaz embravecido, llévame”………..Y así surgió ese instante plácido, único, ese instante en que la amnesia hizo que lo único que recordase fuese el olor del mar. Fue un instante. Después todo volvió a tener sentido.

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