Me cago en el prójimo
Una vez más somos monos viviendo en una ciudad.
En Argentina, un corte de luz afectó a muchas personas en barrios del centro de la Capital Federal. Algunos de ellos hace 24 horas que están sin luz y hoy, a las ocho de la noche no tuvieron mejor idea que rompernos las pelotas a los pelotudos que veníamos de trabajar, quienes también sufrimos el mismo problema.
La protesta es contra la empresa proveedora de electricidad.
Viniendo con el auto por Avenida Rivadavia, un recorrido de cuatro kilómetros que en ese horario debería llevarme unos veinticinco minutos me llevó una hora y media; y no me molesta tener que haber perdido un poco más de tiempo en llegar a mi casa después de haber trabajado todo el día, lo que me indigna es la agresión con la que se manifiestan. Me pregunto ¿éstos pelotudos, pensarán que los que pasábamos por ahí estamos contentos con este problema?, ¿serán tan idiotas de pensar que nosotros cortamos la luz?.
A un taxi que estaba adelante mío lo patearon, la policía protege a los delincuentes o a los que rompen las leyes.
Mientras, nuestro presidente hace campaña en el interior del país con vistas a las elecciones próximas, en una provincia, recordando a los desaparecidos. Claro, eso le da votos y hace que cierta parte de la población se sienta contenida. Soy un creyente de que no debemos olvidarnos del pasado, pero ¿Qué pasa con Jorge Julio López?, un obrero secuestrado durante la dictadura, actualmente desaparecido desde el 17 de septiembre de 2006, justo antes de declarar en una causa contra un represor. Sigue sin aparecer, pero como al presidente no le suma adeptos, no lo nombra, y cuando lo hace da mensajes tan optimistas para que lo encuentren que ya no se quién le cree.
Reclamemos, es la única forma de que nuestros gobernantes nos escuchen, gritemos, sigamos pegándole a las cacerolas, igual que en el año 2001 cuando sacaron al presidente de turno, y los políticos dijeron que debía producirse un cambio en la conducción, para los que no lo conocen, bajo el lema “que se vayan todos”, todos los mismos que hoy siguen robando, ocupando un puesto en el congreso o en la cámara de diputados, siguen teniendo cargos como embajadores, ministros, mientras, la semana pasada hubo un paro en los 77 hospitales públicos de Buenos Aires.
¿Por qué no le patean el auto a los políticos y no a un taxista que estaba tratando de trabajar?, ¿por qué tengo que sufrir la agresión de ciudadanos como yo, que trabajan y nos vemos afectados por los mismos problemas?
Y acá me pongo a dudar, porque en este país muchas de estas marchas no son “tan espontáneas” como todos nos creemos, en muchos sitios se nota que los que la organizan y la dirigen están acostumbrados a romper cosas, de lo contrario no estarían con palos en la mano y la cara cubierta.
¿Por qué no se meten sus palos en el culo y van a joder a quién deben donde deben?
Mientras escribía encendí el televisor para ver que mostraban en los noticieros; una mención de 15 segundos a los cortes, terminó el único programa de noticias de la televisión abierta, en otro canal una telenovela, en otro un programa de chismes de la farándula, en el único canal estatal una ópera, y en otro gran hermano, lo que tiene a medio país hipnotizado.
Apagué el televisor.