Sobre el fin de un relato para niños
Ayer me fui al cine, una historia con detalles muy bellos.
Es un mito narrado a partir de un mundo alterno del cual pocas personas pueden siquiera imaginar (una antítesis en cierta medida del mundo posmoderno que recuerda a la aparición del informe de Lyotard en el que la posmodernidad es definida como la incredulidad en los metarrelatos, un poco atrás, la definición de Bell del fin de las ideologías, Fukuyama y su fin de la historia, Rorty y su fin de la filosofía, demasiados finales para tan pocos comienzos. Pareciese que ya nadie cree en los relatos… al menos eso creen).
En este relato, sólo hay dos personas que confían plenamente en su existencia, un niño y su abuelo. También, hay gente que duda, no sabe si creer o no, a veces, imaginan que existe pero, ante las adversidades de la realidad dejan de creer y se remiten a los hechos. Finalmente, hay otras personas que definitivamente han decidido dejar de imaginar que eso es posible.
Una vez al año, cuando la luna se coloca en cierta posición, se abre un portal, el portal que comunica a aquel mundo que existe para contadas personas. Un mundo subterráneo, precisamente abajo de su propio jardín.
Como cualquier persona común, su familia tiene dificultades económicas, están en un proceso de embargo de su casa, solo quedan unos días para poder pagar la deuda, sino, serán desalojados y lo perderán todo.
Su abuela duda, toma unas gotas para dormir y olvidarse (otros compran pulseras de ciclistas para apoyar la causa y verse chic, donan un peso para quitarse el peso de no hacer algo, cada quien hace lo suyo para dormir) El niño dice: no me quedaré aqui para ver como nos quitan lo que tenemos. Inicia un periplo.
Salimos de la sala. Mi hijo, cansado por el ajetreo de la semana, se ha dormido con una sonrisa; lo abrazo y camino por los pasillos infestados de gente, hace viento, hay jardines por doquier… al llegar al estacionamiento recuerdo la frase final: “Esperaré once lunas para poder encontrarte”. Posiblemente, pienso, nos hemos vuelto impacientes en este mundo acelerado, cada uno duerme a su ritmo, cada uno esta menos dispuesto a esperar (y lo que implica) para poder encontrar. Despertar para seguir soñando? Soñar para despertar? Una alegoría del fin de una película, pero ahora mismo inicia otra, a partir de una sonrisa, que ahora duerme.
en Marzo 27, 2007|1:27
Esperar….suele ser complicado por lo que implica, lo que no implica y lo que puede ocurrir durante esa espera(en todo sentido), pero me enseñaron que el camino es lo que importa y en él aún se puede soñar despierto o vivir en el sueño, el destino elige el punto de encuentro donde converger o renacer, donde encontrar lo perdido o algo nuevo….quien lo sabe.
Hay alegorias que alegran el alma…tanto que todo parece posible como esa sonrisa de angelito que duerme.
Se me han revuelto ideas con sensaciones que posiblemente no tengan nada que ver…así que mejor, dejo un trocito de poesía que me hiciste recordar y que seguramente vendrá más a fin….con lo que describes.
“La alegoría no es más
que un espejo que traslada
lo que es con lo que no es,
y está toda su elegancia
en que salga parecida
tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una
piense que está viendo a entrambas. “