Segura inseguridad
Sonaron las alarmas. Me desespérese intentando adivinar porque sonaban. Si era que el cachaco de la esquina estaba mamando gallo o habían intentado atracarlo de nuevo. Nada. Me asomo y todo el mundo corría hacia la otra calle. Me pongo la camiseta y salgo tras el mundo.
-Le metieron tres tiros- Comento alguien.
-Esto esta malo-. Dijo otro.
Que vaina otro muerto y a plena luz del día; a quince metros del CAI del parque y dos cuadras del CAI del centro.
¿Cuántos cadáveres caben en la primera página de un periódico?, comento alguien una vez y no supe que contestarle porque la marea de muertos no nos había alcanzado.
Hoy la vaina es diferente. A cada rato y en cada esquina, rincón, media calle o callejón, en todos los lares suenan los fogonazos y cae alguien signado por pertenecer o no pertenecer a cualquier grupo. Mientras no seamos nosotros, pensamos mientras oímos el radioperiódico o leemos la prensa o vemos el noticiario.
Camina con cautela y rapidito vuela a casa. La calle esta durísima y el plomo bajo.



