la memoria histórica de AndalucÃÂa
¿Quiénes somos? ¿Argantonio, Hafsa Al-Rukiniyya, Adriano, Séneca, Isabel de Castilla, Abderraman, Orson Welles, el papa Alejandro IV, Pelayo acaso? ¿Tal vez Maimónides o León el Africano? ¿Qué nos hace tan diferentes de un inglés cuando nuestro propio rey comparte sangre con la de ellos? ¿Por qué comemos lo que comemos y vestimos de una forma determinada? ¿A quién le debemos el modo de ser y de comportarnos? ¿Dónde yacen las cenizas de las columnas que un dÃÂa sustentaron nuestro nacimiento?
Tras visitar el norte de Europa y conocer paÃÂses como Suecia y Noruega en los que actualmente luchan pulso a pulso por mantener y recuperar sus señas de identidad, fomentando asàla diversidad cultural y el sentido mismo de sus raÃÂces, tras comprobar como en paÃÂses como Francia o Alemania miman su entorno, su pasado y la voz de sus predecesores como si de valiosas joyas se trataran o tras conocer por ejemplo que en Japón han sido los primeros en crear la figura del “tesoro humano†con el fin de proteger no a la Historia, sino a los que la crean con el fin de mantener vivas las actividades y no solo recordarlas en polvorientos libros, decidàque mi entorno se me hacÃÂa extraño. La despreocupación por las raÃÂces que vivimos actualmente habÃÂa conseguido que yo, nacido en una ciudad con tantos años como las leyendas de Homero, me fuera extraña y distante. ConocÃÂa sus festividades, sus rincones, su arquitectura, su gastronomÃÂa y sus dichos populares, conocÃÂa incluso a sus ilustres hijos pero, ¿qué sabÃÂa realmente de ella? Un dato llegado a màpor casualidad me hizo darme cuenta de que era un ignorante de mi propio pueblo. Por pura casualidad descubràque en los sótanos de la facultad de Bellas Artes, bajo llave, se encuentra el mausoleo de los sevillanos ilustres; un enterramiento que guarda entre sus muros personajes de la talla de Bécquer…Y yo sin saberlo. ¿Era yo uno de esos analfabetos titulados a los que siempre tanto señalaba inquisitoriamente? No, simplemente se me habÃÂa negado la posibilidad de saber de aquel lugar. Rodeado de polvo y sorda humedad el lugar permanece cerrado y descuidado (a excepción de los cuidados que algunos amables voluntarios que conocen del lugar y se empeñan en que no caiga en el olvido ) sin que la administración haga uso digno de aquel lugar. Ese no es un caso aislado; ya en la presentación del libro de Pimentel “los otros españoles†se me encendió el piloto de alerta sobre las “partes†de nuestra historia que se habÃÂan obviado y que, siendo esenciales, se habÃÂan perdido en el olvido, obligando asàa que nuestra conciencia del mundo sea parcial y efÃÂmera.
Creyendo que no toda la culpa de desconocer nuestra vida la tenemos nosotros sino que, en parte, somos vÃÂctimas de un vacÃÂo histórico creado por conveniencia de algunos y con el firme convencimiento de que, para conseguir que el pueblo andaluz luche por sus intereses y sus sueños, debemos de enseñarles que tienen unas señas de identidad claras, profundas y extensas, decidàponerme manos a la obra en un proyecto que, nacido desde el suelo, fuera subiendo poco a poco.
El grupo de Trabajo de “La memoria de AndalucÃÂaâ€Â puede ser todo lo sincrético o extenso que queramos. Yo como investigador e historiador siento que como mejor puedo ayudar es exactamente investigando e “historiandoâ€Â. Quiero buscar huellas de nuestro pasado, ladrillos que aun estando en los cimientos estén olvidados. Me gustarÃÂa relatar sobre aquello o aquellos que hayan sido censurados por la historia, Sacar del baúl los orÃÂgenes el por qué de nuestro diario (la gastronomÃÂa, el modo de vida, la arquitectura, el vestuario, los comportamientos,…) y también, ¿por qué no? Organizar visitas guiadas a lugares de interés tanto por su riqueza histórica como por las actividades (más o menos tradicionales) que se realicen en aquellos lugares por personas que, sabiendo del tema, nos iluminen con sus conocimientos. Mi idea no es la de una peña flamenca o un club gastronómico de tapas (aunque el flamenco también deberÃÂa de entrar como ponencia) ya que las “banderas†tÃÂpicas andaluzas ya están siendo salvaguardadas por los intereses de la propia Diputación pues les son rentables. Aquàvamos algo más allá, sabiendo que hay mucho más bajo la superficie. Aquàse debe de trabajar por idealismo, por altruismo, sin grandes metas pero con la intencionalidad de encontrar el mayor número de piezas posibles de este puzzle llamado AndalucÃÂa.