Una vieja vedette, un gay y un mensaje “divino”
Muchas veces me toco tener debates teológicos con gente que profesa distintas religiones monoteístas. Los practicantes, generalmente, encuentran mensajes subliminales supuestamente provenientes de Dios dirigido hacia ellos y que se hacen verbo en el altar a través del sacerdote, rabino o pastor durante los sermones. Estoy segura que si a estas mismas personas le preguntara si posible recibir la palabra de Dios por medio de un espectáculo de revista, lo primero que obtendría seria una cara de asombro. Pasado el espanto, obtendría las respuestas más diversas; desde las más ortodoxas como ser: -“Dios solo habla a través de sus discípulos y no creo que pueda expresarse a través de esa clase de gente” hasta las menos como puede ser: -“Dios tiene caminos impensados para expresarse”. Por motivos de búsqueda laboral me encuentro en la Ciudad de Mar del Plata (Ciudad costera situada a 440 Km de la Ciudad de Buenos Aires). Ayer caminábamos junto con una amiga por la peatonal San Martin, cuando un señor vestido pomposamente nos para y nos ofrece entradas para concurrir a un espectáculo por la módica suma de 5 pesos. Como se trataba de un espectáculo cómico, decidimos con mi amiga concurrir. La verdad que ambas estamos atravesando un momento difícil, ella con sus propios asuntos y yo enfrentando una separación y el desempleo. Para mí, ambas cosas representan sueños que se han ido a pique. El más obvio para cualquier mortal seria el fracaso de concretar el sueño de tener una familia. El otro, tal vez no tan obvio, es uno que tengo desde que era muy chiquita. Desde muy temprana edad mi vocación estuvo orientada hacia la biología. Mi mama solía llevarme a su trabajo (ella es docente y trabaja en un colegio) y a veces solía perderme 5 minutos de vista. Y como toda almita inquieta yo ya había desaparecido. Pero ella estaba tranquila, sabía el lugar preciso en el edificio de tres pisos más subsuelo y una cuadra de largo donde yo estaba. Junto a un rincón del laboratorio de biología me encontraba yo, mirando maravillada los animales que se encontraban allí. Y escuchando atentamente las explicaciones de la profe Rina, que con su cálido trato y paciencia catamarqueños, trataba de explicar en palabras simples algo tan complicado como la vida. El tiempo pasó, crecí, pasaron la primaria, la secundaria y la universidad. Y a los 23 me recibí. Después de mucho lucharla y de 4 anos conseguí una beca para continuar con mi carrera, pero por motivos ajenos a mí la perdí el año pasado. Y con ella este sueño también se hizo agua. Y ahora hace 5 meses que estoy en la búsqueda. Volviendo al presente, fuimos con mi amiga y su novio al espectáculo de un dúo bastante particular: un señor gay y una vedette ambos entrados en su sana tercer edad. Fue increíble ver a la señora moverse de la manera en que se movió sobre el escenario, con plumas y todo!!!. Y la garra que le puso al cantar. En espectáculo termino con un mensaje de ella, diciendo a los espectadores que uno debe atreverse a sonar y sobre todo luchar por los sueños. No recuerdo exactamente las palabras que utilizo, pero si recuerdo que me emocione. Cuando salimos, mi amiga sin saberlo me dice: -“Me emocione mucho con la ultima parte del show. Parece que el “tatita” (Dios) quiso que vengamos a ver esto, porque sabia que nos hace falta esas palabras”. Sin decirle nada, unos minutos antes estaba pensando en las veces que mi ex novio (devoto seguidor de la fe cristiana) me decía que durante los sermones que el pastor daba en su iglesia sentía que se tocaban temas que le competían solo a el. Pero la verdad es que todos somos seres humanos y podemos estar pasando por circunstancias parecidas (e.j. separaciones, muertes de fliares, enfermedad, ect) y siempre un buen orador religioso puede abarcar todos los temas comunes por los que están pasando sus feligreses sin que ellos se den cuenta de que están tocando muchos temas al mismo tiempo. Y creo que el tema de los sueños y de las realizaciones personales es uno de los pilares que mueven la existencia del hombre. Y además todos sabemos que es uno de los caminos que nos puede llevar a la felicidad. Pero bueno, en estos momentos de mi vida, donde todo está en neblinas y no se ve el camino, no puedo afirmar a ciencia cierta que Dios no me hablo a través de la vedette. Soy agnóstica pero ya tengo mis estampitas de San Antonio y San Cayetano… por las dudas.