“una de las alegrÃÂas más grandes que he recibido en mi vida”
“UNA DE LAS ALEGR�AS M�S GRANDES QUE HE RECIBIDO EN MI VIDA�
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El hecho de que estemos tan contentos de que la justicia no cometiese ayer un atropello (¡uno más!) dejando en prisión eufemÃÂstica pero en libertad de hecho al mayor criminal de ETA, es un sÃÂntoma de que la situación es catastrófica. Y más nos vale ser catastrofistas en medio de la catástrofe, porque es la única posibilidad de supervivencia. ¡Qué bien lo dijo César!: Una salus victis, nullam sperare salutem. “La única salvación para los vencidos es no esperar ninguna salvaciónâ€?. En román paladino, al vencido no le queda más esperanza que
la desesperación. Sólo de ella puede sacar fuerzas.
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Me inquieta profundamente la noticia que dan hoy los noticiarios reproduciendo las palabras de Mariano Rajoy: “es una de las alegrÃÂas más grandes que he recibido en mi vidaâ€?. Que el representante de 10.000.000 de españoles diga que la decisión de
la Audiencia Nacional de mantener la situación penitenciaria de De Juana Chaos, el terrorista más sanguinario, es una de las más grandes alegrÃÂas de su vida, pone de manifiesto que estamos en situación angustiosa. Eso significa que al representante de esos diez millones de españoles (en este tema, probablemente muchos más) daba esta causa por perdida y se temÃÂa que los magistrados de
la Audiencia Nacional secundarÃÂan las indicaciones del Fiscal General del Estado, que coinciden plenamente con la obsesiva voluntad del Presidente del Gobierno quien, a su vez, ¡vaya por Dios!, coincide punto por punto con la cada vez más soberana voluntad de ETA.
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SÃÂ, ese era el temor de bastantes más de diez millones de españoles: que el Pleno de la Sala de lo Penal de
la Audiencia Nacional se plegase a cumplir con la voluntad de ETA, aprovechando tan felices coincidencias y cediendo a las presiones a que dan lugar inexorablemente. Muy angustiado, muy desesperado tenÃÂa que estar el pobre Rajoy para proferir tales palabras. Quizá por una vez acertó a meterse en la piel de las vÃÂctimas y se estremeció al entender lo que significaba para ellas que el mayor criminal de ETA, sin abandonar su condición de criminal, es decir sin arrepentirse de sus crÃÂmenes y sin propósito de enmienda, saliese a la calle abriéndoles el camino a los demás asesinos de ETA. Espeluznante.ÂÂ
“Una de las alegrÃÂas más grandes que he recibido en mi vidaâ€?. Ésta es la frase más noble y más humana que ha salido jamás de boca de un polÃÂtico. Quizá se le pueda comparar
la de Churchill en su discurso a la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1930: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». Lo que tienen en común es la sinceridad ante una situación desesperada. Enorme tenÃÂa que ser el sufrimiento que soportaba Rajoy ante la posibilidad de perder también esta batalla, una más, en la lucha frontal contra el terrorismo, para que al ganarla exclamase que era una de las mayores alegrÃÂas de su vida.ÂÂ
Y menguada, muy menguada tenÃÂa que ser su confianza en la justicia, para que esa decisión de los jueces de
la Audiencia Nacional, y nada menos que por 12 a 4, le produjese tamaña alegrÃÂa. He aquàque “normalâ€?, “justoâ€?, “equilibradoâ€?, “razonableâ€? es lo que piden ETA y sus adláteres. No importa que sean ÃÂnfima minorÃÂa, porque la fuerza y el poder, y por tanto la razón están de su parte. Y los demás, la inmensa mayorÃÂa, no son sino ovejas descarriadas que no se dejan llevar por sus pastores. ¿Será esa misma proporción, 4 a 12, un tercio contra los otros dos tercios, la que sostiene la ciudadanÃÂa española respecto a los tratos de Zapatero con la ETA y de la ETA con Zapatero?ÂÂ
Y débil, infinitamente débil e impotente se ha de sentir Rajoy ante la apisonadora que han puesto en marcha ETA y Zapatero, Zapatero y ETA al alimón; impotente ha de sentirse para que haya tenido que confiar, no en la fuerza que le da ser la voz institucionalizada de tantos millones de españoles (y la oficiosa de algunos millones más), ni tampoco en la justicia, porque andaba muy desconfiado por las brutales presiones a que ha sido sometida, sino en la suerte.ÂÂ
La alegrÃÂa desbordada de Rajoy es el mayor aldabonazo a las conciencias de los españoles, polÃÂticos y ciudadanos de a pie. Es la expresión más nÃÂtida del estado de desesperación en que se encuentra esa otra media España a la que se le ha helado
la sangre. No ha sido la confianza en las instituciones, sino la suerte en medio de la desesperación más negra (preguntadles a los vascos a los que Etabatasuna les hace la vida imposible y les humilla hasta la abyección un dÃÂa tras otro); no la confianza, sino el golpe de suerte, lo que ha provocado a Rajoy una de las mayores alegrÃÂas de su vida.    ÂÂ
Y en la otra media España, para sostener esas tesis tan sabias y tan bien calculadas que repugnan al entendimiento más romo y a la sensibilidad menos refinada (lean los argumentos de Garzón encaminados a no contrariar a Batasuna), hay que ser muy, pero que muy fanático, más de secta que de partido. Al servicio de una élite de frÃÂos, friÃÂsimos calculadores, muy pero que muy interesados. Porque lo que para Rajoy ha sido una de las mayores alegrÃÂas de su vida, para esos otros ha sido un escollo tremendÃÂsimo en el camino de una paz que, ¡mira lo que son las casualidades!, nadie ama tanto como los que se han dedicado al terrorismo y los que han puesto el mandil para recoger sus frutos. ÂÂ
He ahàcómo los amigos del terror, todos, se han vuelto de repente los más entusiastas pacifistas. Todos ellos aman entrañablemente la paz de los terroristas. Por eso les ha contrariado tanto, tantÃÂsimo esta derrota a manos de la justicia, tan sensiblera ante los lamentos de las vÃÂctimas, y tan insensible ante el tremendo dolor del verdugo.  ÂÂ