PENÉLOPE
Llevo unos días con la imagen de Penélope en mi mente. De hecho, pasé al menos un par de días con la imagen de Penélope, esperando, en mi mente. Pero la verdad es que acabé hasta el moño de tanta espera, tanta tragedia y tanta memez. Entiendo, desde luego, que lo de ser una mujer clásica, y reina y esposa de rey mítico que se larga a “odisear” por ahí tiene muchas desventajas, y doy gracias a quien haga falta dárselas por no ser una tipa helena en semejante o parecida situación, porque no sé si la paciencia me daría para tanto o siquiera para la mitad. Pero me pregunto si Penélope, en alguna de esas eternas noches de destejer no tuvo la tentación de mandar todo y a todos a lugares oscuros y lejanos, de esos a los que no llega ninguna cobertura. Ojo, que no digo yo que un buen mozo al que sin duda alguna adornaban innumerables prendas no se mereciera la espera de Penélope y más, por no hablar de las odiosas comparaciones con el resto de pretendientes de la real moza. Seguro que sí a todo. Pero de lo que no veo yo la necesidad es de tanta languidez, tanto ambiente de sacrificio, tanta noche insomne, tanto estar para esperar y poco más. Que fue mucho el tiempo de la espera y le habría dado a ella para miles de cosas, incluido un viaje por su cuenta a lugares a los que sólo puede ir uno, y solo, pero que al final son los mejores viajes, por mucho susto que den. Pero ésa es otra historia. A un hombre que lo valga, hay que esperarle, porque desde luego, doy por hecho que un hombre que lo valga, hoy en día, se toma su tiempo… y no más. No estamos ya para dispendios con visos trágicos y veinte años de viaje, ya sea literal o literario, ya sea por los mundos de dios o interior: es mucho viaje para un adulto esperado y luego toca soltar una pasta en corporacionesdermostéticas al uso, para intentar recuperar lo irrecuperable, y empezamos a perder el norte, lo cual no deja de ser irónico y paradójico: perder el norte al final del viaje es además, absurdo. Luego está la cuestión de qué hombres podrían llegar a merecer una espera, la que fuera, a estas alturas de siglo. Pero no deja de ser un debate al más puro estilo bizantino, porque al final, cada cual decide a quién quiere esperar, o a quién espera incluso sin plantearse si quiere o no. Y, como dice un amigo, cada uno tiene sus cadaunadas. Pero yo entiendo algo a Penélope… relativamente, también es cierto.