El portal de la llamada Muerte

De los dos portales más grandes que invariablemente cruzamos en la vida -el del Nacimiento y el de la Muerte-, parece ser que el de la llamada muerte es la que causa mayor ansiedad.
La Biblia nos afirma que después de que Dios creó al ser humano del polvo y de los elementos de la tierra -aun cuando éste estaba totalmente formado física y químicamente y tenía toda la apariencia de un cuerpo humano- no fue sino cuando Dios le dio finalmente el soplo de vida, que se convirtió en un ser viviente (alma viviente)
El alma es nuestra parte divina y sus atributos –mente, conciencia- nos permiten apreciar la diferencia entre objetivo y subjetivo. Sólo después que la materia -el cuerpo humano- es imbuida con el alma, éste se hace consciente de su propia existencia.
El alma tiene ciertas cualidades, funciones y atributos que la energía vibratoria cósmica de la materia no otorga al ser humano: Sin alma en el cuerpo, el ser humano sólo es una creación material, viviente en cierto sentido, pero no viviente en el otro, y cuando abandona el cuerpo –en lo que se llama muerte- el cuerpo se convierte de nuevo en una creación material, animada de energía vibratoria cósmica, expresándose en una forma material, pero carente de existencia consciente.
Desde mi perspectiva la palabra muerte es un término incorrecto: Es más exacto emplear el término transición, pues lo que ocurre en realidad es un cambio, una transferencia de posición desde un estado de existencia que continúa hacia otro. Especular sobre la naturaleza de una vida futura de la que no tenemos experiencia directa, es quizás un pasatiempo agradable, pero no una forma muy productiva de usar nuestras energías en este momento.
A muchas personas les parece injusto, arbitrario, triste, penoso y duro que ocurra la transición –especialmente- de algún ser querido, pero no deja de ser –si ustedes me permiten- una actitud de gran egoísmo, pues sólo pensamos en nosotros y no en quien ha partido.
De todas las cosas raras que he escuchado, la que me parece más extraña es que los seres humanos le teman a la muerte, sabiendo que ésta vendrá INEVITABLEMENTE cuando deba venir.
La transición no trae consigo sufrimiento eterno ni conlleva felicidad interminable: Es una puerta hacia una nueva oportunidad, un portal iniciatorio de esperanza y un portal hacia la reconciliación final entre el ser humano y Dios.
Tengo la más absoluta convicción que en estos temas relacionados con la búsqueda de la causa de la existencia (la vida, la muerte, la relación entre lo finito y lo infinito, entre lo interno y lo externo, etc.), las respuestas están -y siempre estarán- dentro de nosotros mismos y lo único que tenemos que hacer, es escuchar esa voz interna, esa manifestación de nuestra relación con Dios, que nos enseña -entre otras cosas- a corregir nuestra manera de pensar, a relacionarnos íntimamente con quienes han partido y en definitiva, nos indica una manera sabia de vivir.
“Si la muerte me sorprende… me bastaría con poder extender mi mano hacia Dios y decirle: No descuidé las facultades que recibí de Tus manos para aprender Tu Administración. No te he deshonrado. Contempla cómo he usado los sentidos que Tú me diste. ¡Tómalos de nuevo y colócalos donde sea Tu Voluntad! Todos ellos son Tuyos, Tú me los diste” (analogía escrita por el filósofo griego Epicteto)……
Si un hombre parte con esta disposición, ¿no es acaso suficiente? ¿Qué vida sería más noble, qué final más feliz que éste? La inmortalidad es un estado que no necesita ser alcanzado. Es un estado ya existente que debemos aprender a usar. Hoy estamos viviendo un segmento de nuestra inmortalidad y estoy seguro de que Pedro ha contribuido a ello.
Recordemos con sincero sentimiento fraternal a nuestro querido hermano Pedro Cantero, que recientemente ha recibido su gran iniciación hacia planos de mayor iluminación




“Tú eres el alumno de la vida, déjate enseñar por ella y acepta lo que ella te enseña con paciencia, con amor y con fuerza…y serás feliz…”


