!!!!! VIAJAR, VIAJAR¡¡¡¡
!!!!! VIAJAR, VIAJAR¡¡¡¡Por
Carlos Ignacio
Viajar, viajar, viajar, es algo implícito a la forma de ser del ser humano, ese incontenible afán de conocer otros lugares, otros pueblos, otras costumbres, siempre han llamado la atención en todas las culturas y tiempos. Primero con las migraciones para buscar nuevos lugares donde los climas fueran más benignos, donde la caza o recolección de alimentos fuese más fácil. Posteriormente por el afán de conquista y dominación para la obtención de riquezas y la implantación de ideas religiosas con el mismo objeto. Afortunadamente de esos viajes surgieron las amalgamas de culturas, las que hasta nuestros días vemos, de forma fehaciente, influencias como en la gastronomía, la lingüística, religión, arquitectura, etc.,
Actualmente el viajar mas que nada, ha dado una posición social, que se manifiesta en cuantos lugares habéis estado, sin importar, que no recuerdes si estuviste en tal o cual lugar o si solamente lo soñaste, dada la premura para visitar seis países en un solo día. Pero con que aparezca en el itinerario del viaje, te das por bien servido. Por lo que al preguntarle a una amiga o tía que no haz visto desde el día de tu primera comunión, — que no sé, por que peregrina idea se te ocurrió visitarla, — si conoce tal o cual lugar, te responderá, — ¡desde luego¡ — y con gran orgullo manifestará que si lo conoce, dado que desayunaron en ese lugar en el aeropuerto, de paso a las islas de la Macronecia, en el viaje que hizo en el 67. Luego de manifestar lo anterior aprovechará para relatarte durante el tiempo que tu paciencia lo soporte, los pormenores de ese viaje tan recordado; te dará los detalles desde su traslado al aeropuerto, no sin antes explicarte que a su gato de nombre Ramón, lo dejo encargado con su vecina a la cual “le agradan mucho los animales”. Te describirá el avión y la comida que le dieron a bordo, desde luego que pidió que le dieran un asiento en la ventanilla, pues es probable que sea la primera (y última) vez que abordó un avión y quería ver como es su pueblo visto desde las alturas. Para esto te relatará en medio de tus bostezos, la seguridad que sentía al tener, durante el despegue del aparato, entre las manos el escapulario de la Virgen de la Menopausia, a la que le tiene mucha devoción.
Si para esto no te haz quedado dormido, viene la amenaza mayor. Del ropero y en medio de jadeos, saca unas cajas y ¡¡¡oh Dios!!! Un álbum de fotos. De las cajas metálicas que en sus mejores épocas contuvieron galletas surtidas, empieza a sacar los objetos más dignos de la basura que te puedas imaginar, un boleto de autobús de las islas Caimán, recuerdo del día que los abandonó el guía de turistas, y se vieron forzados a regresar en transporte publico al hotel, el que por cierto la categoría era de una estrella y en el que se les aclaro que el precio del viaje era en habitación con ocupación cuádruple, valiéndoles un carajo que el folleto dijese que los hoteles eran de primera clase, lo cuál es un término por demás ambiguo. Enseguida saca unos sobres de champo, un cenicero, un pedazo de tela para limpiar zapatos, así como un sinnúmero de porquerías que ostentan los logotipos del hotel o restorán de donde fueron sustraídas. Y así siguen surgiendo los objetos más increíbles, los boletos del avión ya cancelados, un plato con el nombre de la línea aérea, un paquete de chicles que le dieron cuando se le taparon los oídos, varias servilletas de papel de los restoranes, donde se sentó a descansar los pies, los que ya le pulsaban como teléfono ocupado, después de caminar por horas por calles que no tienen nada fuera de lo común, — a excepción de estar en un país extranjero — y así podrá seguir sacando en forma interminable objeto tras objeto, cada uno de los cuales se verá acompañado de su correspondiente historia.
Si tiene suficiente confianza con el oyente, le relatará, que pensaba que estaban incluidas todas las comidas, ya que el plan que les entrego la agencia de viajes decía propinas incluidas; Era de suponer que si se incluyen las propinas, cuantimás las comidas, pero la sorpresa es cuando te das cuenta, que con letra menuda dice en el rubro de alimentos, desayunos continentales, lo que traducido al sefardita tardío, quiere decir una taza de café negro y un pan tostado, desayuno que envidiaría cualquier residente de un campo de concentración, pero que definitivamente no es suficiente para una persona acostumbrada a desayunar como Dios manda, dejándote con un palmo de narices al pretender comer o cenar por cuenta de la agencia de viajes, la que se niega rotundamente a proporcionar nada que no este indicado claramente en el folleto, alegando que es parte de tu libre albedrío, por lo que ellos no pueden intervenir en tu decisión, de elegir donde ingerir tus sagrados alimentos, por lo que parte del viaje se la pasó muerta de hambre, por no tener calculadas dichas erogaciones. Alegando a su regreso que la pérdida de peso fue de “tanto que caminó”, para ver lo que ya había visto en las revistas y folletos de la agencia. Después de haber tratado inútilmente de despedirte varias veces de tu anfitriona, por considerar haber cumplido con la afición y de ver frustrado tu deseo de salir en hombros, no te queda mas remedio que seguir escuchando sus aventuras, dado que te propone que te quedes a merendar, con lo que un escalofrío te recorre la espalda y piensas — bueno al fin que esto me pasa cada 20 años y esta tía no creo que los viva — y así viene la segunda embestida; Entre sorbos de chocolate y unos pastelillos, — que supones fueron sobrantes de la última cena.— Té relatará paso por paso, las excursiones que a bordo de un autobús la llevaron a ver unos lugares “increíbles”, solamente que no recuerda los nombres, ni sabe que vio, esto a causa de que tal como lo indicaba la agencia “todos los turs serán acompañados por un guía bilingüe”, pero lo que no dijeron, que era bilingüe hablando con el acento mas puro, el sánscrito e inglés, ya que siempre se considera que el sinónimo de turista es norteamericano y por lo tanto debe de traducirse todo al inglés. Por lo que la tía se ha quedado en Babia y lo mismo le habría dado estar en la Macronecia, que en la Toja de Galicia.
Lo que sí recuerda es el día que los llevaron a dar de comer a las mantarrayas, lo cual según dice fue una experiencia inolvidable, a no ser por la quemada de espalda que sufrió, ya que nadie de sus compañeros le quiso poner loción protectora contra el sol. De modo que se la paso al rayo del inmisericorde sol con una blusa de espalda descubierta ya que era la única disponible, dado que su equipaje se perdió en la línea aérea y mientras ella les daba de comer a dichos animales, su maleta se encontraba en el vestíbulo del Hotel Baranoff de Juneau en Alaska. Por lo que según los cánones de la IATA, al no llegar su maleta, se le indemnizó con la cantidad de trescientos pesos contantes y sonantes, siendo suficientes para comprarse la blusa en marras y un cepillo para dientes, por lo que el resto del viaje se dedicó a mendigar pasta dental con los compañeros de infortunio, además verse obligada a dormir todas las noches del viaje, en traje de rana o sea descalza hasta el cuello.
En fin para esto tu ya te encuentras en estado catatónico y armándote de valor, pretextando el tener que ir a comulgar a primera hora, te despides no sin antes prometer que regresarás, — (como dijo McArtur en Filipinas después que los japoneses lo derrotaron), — ya que no te dio tiempo de ver las fotografías y que te contara que ya solamente le faltan dos pagares para saldar la deuda de ese viaje. Nota: La maleta ya apareció.
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